Los rompedores zuecos de Elena Ferro llevan un siglo de historia en sus suelas

Los rompedores zuecos de Elena Ferro llevan un siglo de historia en sus suelas

El taller Eferro de Merza (Cruces) fabrica 4.000 pares de zuecos al año. Taconean sobre todo en Galicia, pero también en el País Vasco, Barcelona, Alemania, Estados Unidos y Nueva Zelanda. Su principal seña de identidad es el diseño.

A fuerza de arriesgar y de insistir, la diseñadora Elena Ferro ha conseguido rescatar los zuecos tradicionales del fango y elevarlos a la pasarela. Sin embargo, hay una revolución que Elena Ferro considera más importante que el diseño: la base de madera. «O deseño é importante, porque entra polos ollos, pero o máis importante é que a base estea ben. Se non che son cómodos os zocos, por moi bonitos que sexan non volves mercar outro par», explica. Para asegurar la comodidad, el taller Eferro ha invertido muchas horas en investigación y ha acabado patentando una base de madera que, manteniéndose fiel a la tradición, «dá un mellor andar» a los usuarios contemporáneos. «Antes cos zocos pisábase sempre en brando: lama, herba, chan... Agora pisamos case sempre en duro, sexa cemento, asfalto ou baldosa», explica Elena Ferro. «Por iso agora se necesita unha forma máis estilizada e cunha inclinación maior, para que os zocos non tiren do talón», comenta. «O calzado non pode ser só deseño. Estamos todo o día encima dos pés e é moi importante estar cómodo», explica. Pero los productos Eferro no son solo fruto de la investigación. Innovación y tradición están al 50 % en cada par de zuecos. No en vano el taller cumple un siglo este año. Lo inauguró en 1915 el abuelo de Elena, Perfecto Ferro. Aprendió el oficio en Pazos (Silleda), fabricando zuecos a medida y recorriendo la zona casa por casa. En 1936 empezó la casa familiar de Merza, donde más tarde abrió el taller que aún hoy se mantiene. Se ganó la vida vendiendo zuecos en las ferias. Así pudo criar a sus cuatro hijos. Dos de ellos -Agripina y Alfonso, tía y padre de Elena Ferro, respectivamente- siguieron con el negocio. A ellos les tocaron peores tiempos para los zoqueiros. A finales de los 70 en la zona dejaron de usarse los zuecos. Se asociaban al trabajo en el campo y al atraso. La mayoría de los zoqueiros desaparecieron.

El taller de Ferro sobrevivió al empezar a compaginar la fabricación de zuecos con la marroquinería. A Elena siempre le tiró el oficio. De pequeña se pasó muchas horas observando en el taller, de jovencita empezó a hacer pulseras y finalmente hizo del oficio su profesión, dando un giro al mundo de los zuecos y consiguiendo desplazarlos de los comentarios despectivos a las páginas de las revistas de moda. Todo sin perder la esencia. Los zuecos Eferro, tengan diseño clásico o estampado de leopardo, siguen siendo lo que eran: un calzado caliente que protege del agua.